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Mi pequeño gran héroe

Mi pequeño gran héroe Nunca fui un niño miedoso pero siempre necesité tener encendida la luz del pasillo, seguramente pura y mera formalidad de infancia. Me gustaba taparme con la manta hasta los ojos y sentir como mi cuerpo se dormía segundo tras segundo. De fondo el ronroneo de la vieja ciudad, la respiración que se apagaba poco a poco, las luces encendidas de amantes impacientes y un suave cosquilleo desde el cuello hasta la espalda. Y antes de que me diera cuenta la noche me había atrapado, los ojos abiertos volvían a delinear los perfiles de mi cuarto pero esta vez arropados por una sombra certera. Podía estar así esperando durante eternos minutos, hasta que escuchaba sus pasos y me hacia el dormido. Él se sentaba al borde de mi cama. Le recuerdo perfectamente con ese jersey viejo de lana marrón y un pijama a rayas del que nunca se desprendía. El poco pelo despeinado y el bigote siempre recortado, un toque de galán que se le permite al sabio despistado. Entonces era cuando yo cerraba los ojos y sus palabras comenzaban a retumbar por toda la casa. El capitán trueno salía de debajo de la almohada para llegar al mar de los Sargazos donde un grupo de vikingos adoradores de un extraño dios tenían secuestrada a la mismísima reina de Thule, Sigrid. Yo me imaginaba a un capitán trueno como él, pues él era el héroe de mis aventuras y yo un espectador que ya se había quedado dormido. Me lo imagino dándome un beso en la frente y saliendo suavemente sin hacer ruido para no despertarme, envainándose la espada en el cinto del pijama y partiendo en la búsqueda de su Sigrid. Y yo dormido profundamente soñando con ser como mi pequeño gran héroe.

Homenaje a la S de MAS
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