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Catalina y yo

Catalina y yo Me empezaron a sudar las manos mientras esperaba a Catalina en el sofá. Nunca había tenido que pasar por algo así y recordé el día de mi boda, realmente un pensamiento de lo más absurdo que no tenía nada que ver con lo que en ese momento importaba, pero como ya veréis en ocasiones puedo llegar a ser bastante anormal, en el buen sentido de la palabra. Recordé como iba vestida Cata y como se tuvo que cambiar el traje cuando el niño del primo Manuel la vomitó encima, todo por la endemasía gastrica de calamares en situación ilegal que se había metido entre pecho y espalda el croqueto del muchacho. La fiesta duró hasta que Cata quiso y su madre nos dejó, y en la noche de bodas le dolía la cabeza, puedo afirmar que soy el único hombre de Cantalejo y alrededores que no ha hecho uso del matrimonio en su noche de bodas, y mira lo que te digo, con ganas me quedé, porque debe tener un regustín especial, además esas cosas a uno le marcan para luego y ya no afrontas el resto de tu vida de la misma manera, pero bueno eso es otra historia. La verdad es que allí estaba yo, esperando a Cata en el sofá, y porque no decirlo, muerto de miedo.
No quiero que penséis que Cata es un monstruo, en todo caso una monstrua, por ser coherentes con la gramática y con el tema del género, que hoy día es un tema peliagudo que no termino yo de comprender, que toda la vida yo me he bañado en el mar de Cantalejo, pero ahora la señora farmacéutica dice que ya no es el mar, que ahora es la mar, que suena más poético, pero que al fin y al cabo sigue siendo lo que hay cuando se acaba la playa, aunque no estoy muy seguro porque, como dice la Cata, yo soy un poco becerro.
Pues eso que la Cata salió a comprar la pesca y allí estaba yo sentado en el sofá mirando la puerta. Aquella situación me recordó a una película que vi en el cine Bámbola, la historia de un detective un poquillo desgarvao, que esperaba a la muerte en el sofá de su piso mientras se fumaba los cigarros que le había robado al jardinero que se acostaba con el marido de su amante. A la Cata no le gustó la película porque no tenía amor, pero la cata no tiene mucha idea de cine porque nunca ha salido de Cantalejo. Ese día me esposó a la cama y se emvolvió en una gabardina vieja. No os cuento lo que me hizo con la cubertería nueva, la que había pedido a la teletienda cuando se enganchó a la telecompra, que todavía me tiemblan las piernas cuando pienso en la espumadera, pero como me decía la culpa había sido mía por haberla llevado a ver una película de detectives y acción, con lo influenciable que se vuelve cuando tiene la regla.
La Cata tuvo mucha suerte conmigo y aunque ella lo niegue fue ella la que se me arrimaba y me decía cochinadas, que en parte eso fue lo que más me gustó de ella, que a mí lo de la mente sucia no se me da nada mal. Yo era un magnífico bailarín, el señor del cha cha cha, de lo mejorcito de los quintos de mi generación. Era en las fiestas cuando de verdad nos acercábamos, nos gustaban los bailes arrejuntaos, donde nos sentíamos bien lo que había que sentir. De todas formas a la Cata había que vigilarla, porque en cuanto me despistaba ya tenía al del garaje encima la muy arpía, y ella que se dejaba para darme celos, y yo embrutecido como una cebolla montaba en colera, que se que la gustaba verme así, que siempre fue muy mala la Cata para estas cosas. Y allí estaba yo años después maldiciendo el día que bailé con la Cata y esperando que regresara a casa para decirle aquello, ya se la podía haber llevado el del garaje, que menudo peso de encima me iba a quitar yo, o de abajo según esté de humor la Cata. Pero asín es la vida, unas veces se gana y otras muchas se pierde. Y fue ahí cuando se abrió la puerta y mi voz sonó rota desde el fondo del sofá:
- Cata, querida, se me han olvidado los tomates.
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2 comentarios

Laculpaesdelotro -

Muy bueno, qué fluidiyo... lástima de algunas rebabas que quedan (¿Hay algún quinto que no sea de su generación? ¿(H)arpía?)... Por lo demás, felicidades
PD: Siempre pongo 5 en esta protección antispam.
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tita -

Y yo que te veo diciendo estas cosas con cara de inocentón y esos ojazos azules bien abiertos, como cuando simulas ser bueno!
Besos!
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